Política y religión: apuesta arriesgada en el imperio estadunidense
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Política y religión: apuesta arriesgada en el imperio estadunidense

Alejandro Navarrete*

En plena Semana Santa, la festividad más importante de la religión cristiana (ya sea su rama evangélica, católica, ortodoxa, etc.), el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cruzó una línea que nunca había cruzado: decir que sus acciones (de guerra) son un acto de adoración a Dios.

En medio del llamado Sábado Santo, Trump compartió en su red social Truth la siguiente amenaza a Irán: “48 horas antes que todo el infierno les caiga encima. ¡Gloria a DIOS!”.

Con esa sencilla frase “gloria a Dios”, Trump comenzó a usar abiertamente un lenguaje teocrático y a insinuar más directamente (aunque miembros de su círculo cercano ya lo habían hecho) que respaldarlo y a su gobierno es un acto religioso (y por lo mismo, no hacerlo sería como oponerse a Dios).

Un día después, en pleno Domingo de Resurrección, día que evoca paz, gozo y esperanza en la cosmovisión cristiana, en la que se cree que Jesús murió y resucitó por el perdón de los pecados, Trump redobló su lenguaje de odio y violencia, apelando de nuevo a la figura del infierno y, además, metiéndose ahora directamente con Alá, la divinidad en la religión musulmana, al parecer en tono de burla: “¡Abran el pinche estrecho, bastardos locos, o vivirán en el infierno! ¡SOLO ESPEREN Y VERÁN! Alabado sea Alá”.

En el imaginario colectivo de las culturas influenciadas por el cristianismo, el concepto del infierno suele verse como un lugar de tormento y tortura despiadado, Trump se muestra como un “justiciero” enviado por Dios. “Dios está del lado de los buenos. Y nosotros somos los buenos”, respondió el propio presidente a una pregunta expresada a mediados de abril, aplicando el típico discurso maniqueo de los políticos (que siempre dividen el mundo en dos: los que están con nuestro movimiento y los que no) pero con un tinte religioso.

Pero una cosa es supuestamente tener a un Dios de tu lado y otra creerte tú mismo ese Dios. O al menos, tratar de impulsar esa narrativa a tu base de seguidores. Tres días antes de responder que Dios está con EE.UU. porque son los “buenos”, Trump compartió una polémica imagen hecha con Inteligencia Artificial (que luego borró) donde aparecía como Jesús mismo (considerado Dios para el cristianismo) haciendo milagros de sanidad. 

Exactamente ese mismo día compartió una serie de ataques al Papa León XIV, jerarca máximo de la Iglesia Católica, llamándolo “débil contra el crimen” y “muy liberal”. Figuras importantes cristiano evangélicas y católicas de Estados Unidos, inclusive del propio Partido Republicano y del movimiento MAGA de Trump, criticaron fuertemente al presidente por lo que consideraron un insulto para su fe por la imagen de Jesús y muchos también por el ataque al líder de la religión católica.

¿La apuesta demócrata por “recuperar el cristianismo”? El fenómeno James Talarico

Aunque sin tanta repercusión como la de Trump y su gobierno al mezclar política y religión, el partido Demócrata, el de izquierda en Estados Unidos, ha comenzado también a hacer lo mismo, de manera, eso sí, menos burda, más sutil, aunque también sorprendente, por las propias posturas e historia reciente del partido.

James Talarico, estudiante pastor evangélico, es de hecho la nueva gran figura emergente en este 2026 de los Demócratas, a quien algunos incluso ven con potencial para aspirar a candidato presidencial en 2028.

Lo que tienen en común él y otra de las nuevas apuestas demócratas, Zohan Mamdani, además de ser jóvenes y bien parecidos, es que son elocuentes y no son ateos o agnósticos, sino ambos abiertamente religiosos.

Mamdani juró el 1 de enero sobre un libro del Corán al tomar posesión de la alcaldía de Nueva York y convertirse en el primer alcalde musulmán en tener ese puesto en esa ciudad. 

Talarico, por su parte, es cristiano evangélico e incluso seminarista vigente de un seminario para pastores de su denominación presbiteriana (la misma rama de Trump) y predicador de su iglesia en Texas, en donde se está postulando para llegar a ser senador federal.

Entre enero y abril fue destacado en entrevistas de diversos medios nacionales como la nueva gran figura demócrata, luciendo en el Late Show de Stephen Colbert en CBS/Youtube, en el programa matinal The View, así como en el influyente podcast de Ezra Klein en The New York Times y en varias notas y artículos de opinión, previa y posteriormente a su victoria en las primarias demócratas en Texas en marzo.

El propio Ezra Klein, uno de los principales columnistas del Times, tituló su podcast con el: “¿Puede James Talarico reclamar el cristianismo para la izquierda?”.

En sus entrevistas, Talarico, de hecho, siempre habla de Dios como uno de los puntos principales en su campaña y lo hace diciendo que la verdadera religión no como la de los seguidores de Trump: “hay que poner el amor a Dios y amor al prójimo primero” y “creo que necesitamos alguien en el Senado (refiriéndose a él) que confronte el nacionalismo cristiano y diga la verdad: que no hay nada cristiano en el llamado nacionalismo cristiano”, dijo en la entrevista con Stephen Colbert en febrero.

La entrevista, por cierto, no fue transmitida en vivo por Colbert en televisión, ya que dijo, al inicio del show, que directivos de su televisora le habían advertido que violaría la equidad de tiempos electorales por ser candidato. Insinuó censura promovida por Trump e invitó a la audiencia a verla en su canal de YouTube. A finales de abril, la entrevista llevaba más de 9 millones de vistas, siendo, por mucho, el video más visto en su canal en los últimos 3 años.

En domingo de Resurrección, pero del año pasado, Talarico dio el mensaje de Pascua en su iglesia (siendo seminarista y también legislador de Texas) y dedicó sus primeros minutos a contrastar a Jesucristo con Jesús: “los nacionalistas cristianos han tomado a Trump como su nuevo Cristo porque es todo lo que el primero no fue. Jesús era pobre; Trump es rico. Jesús era manso; Trump es fuerte. Jesús perdió; y Trump está obsesionado con ganar”.

Talarico dio el mensaje delante de una cruz de madera que en el mes del Orgullo LGBTQ+ se cubre en su iglesia con una tela con la bandera LGBTQ+ y otra del orgullo trans. Su iglesia, afirma, es incluyente, y Talarico citó incluso en su propio sermón a Mahoma (fundador del Islam).

Mamdani, por su parte, es musulmán desde niño por sus raíces indo-ugandesas. En marzo, celebró el Ramadán y rompió uno de los ayunos diarios que se tienen que guardar en esa fiesta cada jornada durante un mes con varias otras figuras musulmanas teniendo una cena especial en la residencia oficial de la alcaldía.

Un video que circuló ampliamente en redes mostraba el acto religioso donde Mamdani y varios otros musulmanes oraban y se inclinaban ahí mismo en la oficina del alcalde hasta el piso con dirección a la Meca. En los comentarios en redes de las publicaciones del video, los conservadores criticaban que “EE.UU. se volviera musulmán”, mientras que simpatizantes demócratas, en su mayoría, apoyaban “nadie tenía un problema con Trump orando en la Casa Blanca… pero cuando un alcalde observa su festividad musulmana todos se quejan…”

La secularización de Estados Unidos y el poder del voto aún religioso

El cristianismo, la principal religión en Estados Unidos, ha venido declinando significativamente en los últimos años y en este siglo ha caído casi 20% de su porcentaje en ese país.

Según las encuestas del prestigiado Pew Research Center, la afiliación a esa religión había caído del 78% de la población en el 2007 al 62% en 2024 (4 de cada 10 estadunidenses protestantes; y 2 de cada 10, católicos). 

En contraste, el porcentaje de población que afirma no estar afiliada a ninguna religión creció de 16% en 2007 a casi el 30% en 2024. 

in embargo, a pesar del declive, ese voto aún pesa. Y de acuerdo con todas las encuestas, el mismo voto cristiano ha sido fundamental para Trump. Ocho de cada diez protestantes blancos votaron por él, según encuestas de CNN, y, en general, 62% de los evangélicos y 55% de los católicos lo apoyaron, de acuerdo con Pew. Entre evangélicos latinos y asiáticos, obtuvo el apoyo de 70%.

Según el mismo Pew, por cierto 72% de los migrantes latinos que han llegado a EE.UU. en los últimos años tienen fe cristiana, más de la mitad, católica.

No obstante, las recientes peleas de Trump y su vicepresidente católico J.D. Vance contra el Papa podrían afectar esas proporciones.

Una nueva encuesta de finales de abril, realizada por Economist y YouGov, encontró que los estadunidenses tienen una opinión más favorable del jerarca católico que de Trump y Vance.

No solo 63 por ciento de los católicos simpatizaba con el Papa, contra un 49 con Trump, sino que un 55 de los estadunidenses en general tenía una imagen más favorable de él que de Trump con solo 40 por ciento.

El escritor Juan Villoro destacaba en su columna “El imperio de la mentira” de finales de abril en Reforma como algunos de los seguidores de Trump ahora se estaban decepcionando o volviendo en su contra, usando el mismo tipo de teorías de la conspiración que antes usaban para defenderlo. 

“En 18 meses pasé de votar por Trump con reservas a pensar que se trata del Anticristo”, citó Villoro a Clint Rusell, conductor del podcast conservador Liberty Lockdown.

 En cuanto a la guerra en Irán, por cierto, casi la mitad (48%) de los estadunidenses aprobaban la visión de paz y las declaraciones del papa contra solo un cuarto de la población (24%) que las desaprobaba. 

El Papa León XIV dijo el 5 de abril, en Domingo de Ramos, que “Dios no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra” y esa misma Semana Santa tachó de “inaceptable” la amenaza de Trump de eliminar “toda una civilización”.

Luego de sus ataques más fuertes, cuando Trump dijo que era “débil con el crimen” y J.D. Vance dijo que debería “tener cuidado” al hablar de teología y política, el papa firmó que no tenía “miedo” a la administración de Trump y que él no buscaba generar política. Luego, al final de su gira por Angola, en África, reiteró que no buscaba un debate personal y culminó “es el amor el que debe triunfar. No la guerra”.

Respecto a la imagen donde fue presentado como Jesús, Trump, por cierto, dio una especie de disculpa, diciendo: “pensé que era una figura de mí como doctor”.

Una apuesta arriesgada 

Uno de los argumentos que ha usado el imperio estadunidense contra gobiernos como el de Irán es que son una teocracia en donde la religión se mezcla de lleno con la política e inhibe libertades. Sin embargo, el camino que parece estar tomando el propio Estados Unidos es justo el de ir metiendo más la fe de ciertos sectores de la población.

Desde su fundación, por la fe de muchos de sus primeros colonos, el cristianismo ha sido influencia en Estados Unidos. Su Declaración de Independencia menciona explícitamente al “Creador” y la tradición de jurar sobre la Biblia comenzó con su primer presidente, George Washington.

No obstante, también desde el principio se estableció que no habría una religión oficial y una separación entre la Iglesia y el Estado.

La actual intención de Trump y su gobierno de mezclar aún más la religión y la política, no solo parece que podría no terminar del todo bien para él, sino podría ser algo que contamine más el debate político y genere encono entre religiones, sectores y posturas.

Por el momento, el mandatario estadunidense ha obligado al partido Demócrata a intentar jugar también la carta de la religión. 

16 de mayo de 2026

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