Entre Davos y la Cumbre de Múnich; lecciones y… ¿nuevo (des)orden mundial?
Diplomacia, Internacionales

Entre Davos y la Cumbre de Múnich; lecciones y… ¿nuevo (des)orden mundial?

TANIUS KARAM*

*Catedrático de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y de la Universidad Anáhuac México Norte.

La pasada reunión de Davos a finales de enero 2026 y la Conferencia de Seguridad de Múnich celebrada a mediados de febrero, parecen ser un marco ideal en el poder reflexionar sobre lecciones y retos en eso que podemos llamar “nuevo orden mundial”, donde se mezclan guerras comerciales y energéticas, nueva lógica securitaria de bloques, extendida a producción de chips, datos, energía, rutas marítimas y ciberseguridad, nuevas narrativas y tensiones entre globalistas y soberanistas, además de crecientes mitos y temores en torno a IA, como parte del nuevo tablero mundial.

La “reunión” o “foro” de Davos es una forma coloquial del Annual Meeting del World Economic Forum (WEF), que se realiza en la ciudad suiza. El espacio fue creado por Klaus Schaw en la década de los setenta del siglo XX, más como un foro europeo (European Management Forum), que en los ochenta se globalizó y cambió a su actual nombre World Economic Forum, reflejando su ambición de ser un espacio más amplio de cooperación público-privada y diálogo internacional. Por su parte, la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC, en inglés: Múnich Security Conference) se celebra siempre en la capital bávara desde 1963 y generalmente se discuten temas de actualidad de la política exterior, de seguridad y de defensa.

Si bien estos dos espacios son independientes y pocas veces relacionados, ensayamos una lectura si no compartida, un poco más relacional que sirve como marco para comprender algunos cambios recientes. Si en Suiza dominó el lenguaje de “mercados, inversión y cooperación”, en Múnich quedó claro que hoy la seguridad es la gramática de fondo que reordena todo (comercio, energía, tecnología, alianzas). Lo importante ahora es la verbalización en el sentido que “viejo orden” parece ya no operar como antes.

Europa -de manera más clara o no-, se evidencia en una crisis, tanto cultural como securitaria sobre la redefinición de su arquitectura de seguridad. Afloran fricciones transatlánticas, y ajustes de expectativas de otros aliados incuestionables Estados Unidos-Europa, del que Groenlandia es uno de los varios síntomas ante geopolítica más cruda que regresa a la discusión básica sobre territorios, rutas y recursos (Cf. www.theguardian.com, 13 febrero).

De los varios temas repetidos por los medios occidentales en MSC, sin duda la conferencia inaugural del canciller anfitrión Merz diciendo que el orden inter nacional previo “ya no existe”; el presidente francés Macron afirmando que las viejas estructuras de seguridad europeas vinculadas al orden anterior han desaparecido y que Europa debe prepararse para un escenario de guerra; o la más citada y referida de todas, el Jefe de estado norteamericano Marco Rubio reconociendo que “el viejo mundo se ha ido” y que estamos en una nueva era geopolítica, pero con un tono conciliador que distó de la actitud lapidaria del año anterior hecha por el vicepresidente norteamericano Vance.

En cuanto el concepto de seguridad que emerge de la MSC, éste se amplía y complejiza, porque ya no es solo militar, sino también vinculado a energía, tecnología (infraestructura digital/IA/ciber), rutas comerciales, sanciones y resiliencia económica. En varias lecturas, esto reordena prioridades y vuelve más difícil el consenso, porque mezcla política interna con estrategia exterior. (Cf. J. Haltiwanger, ‘An Existential Question for Europe’, https:// foreignpolicy.com, 15/02; y Rubio’s Múnich Civility Is a False Dawn for Europe https://www.bloomberg.com/opinion/articles, 14/02)

¿Lecciones y retos compartidos Davos/ Múnich?

Si Davos 2026 fue el “foro del riesgo económico narrado como gestión”, y Múnich (MSC) fue el “foro del riesgo narrado como seguridad”, entonces proponemos algunos puntos de discusión compartidos en las dos cumbres:

(1) Del “orden basado en reglas” al “orden basado en capacidades”

En ambos foros aparece el reconocimiento de que las reglas ya no bastan: pesan más capacidades materiales (energía, chips, logística, defensa, sanciones, reservas, datos). Davos lo ha dicho en clave de competitividad, resiliencia, cadenas de suministro, IA como infraestructura y “fragmentación”. En cambio, el MSC lo dice en clave de disuasión, autonomía estratégica, umbrales de conflicto y rearmamento (Múnich Security Report, https://securityconference.org/)

(2) La geopolítica deja de ser “tema” y se vuelve “precio” (re-pricing del mundo)

Varios observadores retrataron a Davos como termómetro emocional de una élite en repliegue. El economista catalán Marc Vidal describió un poder “a la defensiva”, más preocupado por no perder el control del relato y por preservar gobernabilidad que por proponer un futuro convincente; Davos, en esa lectura, revela miedos antes que certezas, en un entorno que sin ser la “Guerra Fría” la recuerda por sus temores y riesgos inminentes de confrontación que parecían atenuados sobre lo que ahora podemos metaforizar como ese paréntesis de relativo optimismo “globalista”.

En ese sentido el analista Alfredo Jalife dramatizó Davos como una especie de “última cena”, un clima fúnebre donde el globalismo aparece en crisis y donde se intensifica la propaganda y la disputa por la interpretación de lo que ocurre; donde el choque entre “globalistas” y “soberanistas” está reconfiguran un mundo por una tripolaridad de facto (EU, Rusia y China) y una disputa más abierta por esferas de influencia.

Lo geopolítico ya no se debate solo como diplomacia; se traduce a costos: primas de riesgo, inversión defensiva, duplicación de proveedores, seguros logísticos, gasto militar, ciberseguridad. En Davos el “impuesto geopolítico” recae en empresas y gobiernos; just in case vs just in time; en MSC ese costo se justifica como “preparación” (defensa, municiones, capacidades industriales, protección de infraestructura crítica).

Aquí podemos decir que el “aprendizaje” es que la economía ya no “presupone paz”; incorpora conflicto como variable estructural.

(3) Infraestructura estratégica: IA/energía/ datos como nueva frontera de seguridad

Inevitablemente, la IA ha dejado de ser una idea o promesa para convertirse en una variable fundamental en la dirección que ahora el mundo está asumiendo. La IA no es solamente “herramienta” sino más infraestructura: algo comparable a la electricidad, las telecomunicaciones o los puertos. La discusión se movió del “qué puede hacer la IA” al “qué se necesita para que funcione a escala”.

El tono en Davos sobre IA fue ciertamente como algo imprescindible, pero al mismo tiempo muy ambivalente: a nivel económico y financiero se promete productividad, pero se reconoce que el retorno no está garantizado (algo parecido a lo que hace 25 años pasaba con Google que no era rentable). A nivel social, se intensifica la tensión trabajo–automatización (desplazamientos y re-capacitación).

En paralelo crecen dilemas de derechos: privacidad, vigilancia y “identidad” en entornos digitales. Por eso Davos sugiere que la IA no es “una innovación más”, sino infraestructura estratégica. Promete crecimiento, pero también reabre disputas por soberanía tecnológica, regulación y control del relato público. La IA de ser concebida como “app” o servicio, a una infraestructura total, un cuello tecnológico (energía/red/agua/permisos) donde tenderá reordenarse inversión, privacidad, soberanía, innovación, desarrollo, dependencia.

En cambio, en MSC la tecnología como seguridad nacional: controles de exportación, ciberamenazas, guerra tecnológica, autonomía digital. Podemos decir, si concedemos algún valor a la palabra “soberanía” ya no es solo territorio; es control de stacks: cómputo-datos-energía-redes.

(4) Crisis de legitimidad y batalla por los relatos

Davos y Múnich hablaron (explícita o implícitamente) de un déficit de confianza en instituciones, élites, medios, cooperación internacional. Davos pudo haber insistido en “diálogo” y cooperación, termómetro de élites y como narrativa de “buenas intenciones” pero con baja rendición de cuentas.

En cambio, MSC la “seguridad” funciona como marco total que habilita presupuestos, excepcionalidades, controles, y también propaganda; aumenta el riesgo de malentendidos y escaladas. Ahora bien, el problema no es solo falta de acuerdos entre países; es falta de legitimidad dentro de los países, y ahí comunicación/medios/ plataformas son arena central para desinformación, polarización, securitización del debate.

El WEF pide diálogo en un contexto donde, “las reglas e instituciones que sostenían la estabilidad” están “bajo asedio” y la influencia se juega también con comercio, finanzas y tecnología. El problema y no es solo la dificultad de acuerdos en una mesa de actores que con más facilidad están dispuestos golpear y a sacudir a ésta, sino de legitimidad entre éstos y las plataformas e infraestructura digital, donde no aparecen claros los mecanismos que ayuden a disminuir la intensidad la polarización.

La discusión ahora ya no es sólo tanques y alianzas: también es legitimidad interna, cohesión social y el choque entre narrativas (qué es “democracia”, “libertad”, “orden”). Y esto justamente puede relacionarse como parte del problema de seguridad.

Orden y desorden. Relectura de Dalio

Podemos decir que el “viejo orden” está muriendo, pero como relato operativo. Ciertamente, no hay un “nuevo orden” estable y coherente, sino que asistimos a una particular transición (o un “interregno”) donde compiten reglas, bloques y mecanismos de poder. Nos parece interesante recuperar la contribución del famoso analista económico e inversionista Ray Dalio (Principles for Dealing with the Changing World Order… 2021), quien explica los cambios de orden económico a partir de seis etapas que reinterpretamos, bajo riesgo de generalizar en nuestro apretado resumen, que es también una hipótesis de lectura no dicha como tal por Dalio:

(1) Nacimiento tras una guerra (1945–inicios 50). “Nuevo orden” tras Guerra Mundial, con ONU, Bretton Woods (FMI/Banco Mun dial), dólar como ancla, Plan Marshall y arquitectura de seguridad (OTAN, 1949). Se fijan reglas, alianzas y un “contrato” de prosperidad/estabilidad.

(2) Consolidación (años 50–media dos 60). El sistema se estabiliza hay crecimiento alto, integración europea inicial (CECA 1951, CEE 1957); se da el Estado de bienestar en Europa y expansión de clase media. En EU hay un boom industrial/consumo, liderazgo tecnológico y militar (Guerra Fría “contenida”).

(3) Prosperidad(mediados 60 inicios 70), culmina la “edad dorada” en Europa occidental y EU: productividad alta, empleo masivo, infraestructura, avances científicos y expansión educativa. Aparecen claras tensiones: movimientos culturales y sociales, Vietnam, presiones fiscales y monetarias.

(4) Excesos (años 70–2007 aprox.). Se abre una fase de desajustes: fin del patrón oro/dólar (1971), shocks petroleros (1973/79), inflación y giro neoliberal (años 80) caracterizado por la financiarización, la desregulación y la globalización. Sobre viene el auge de crédito y burbujas (punto-com, vivienda). Mientras tanto Europa consolida una integración profunda (Maastricht 1992, euro 1999/2002), pero con asimetrías internas y dependencia energética.

(5) Conflicto creciente (2008–2021 aprox.). La crisis financiera de 2008 rompe la confianza y comienzan las tensiones entre austeridad y rescates, desigualdad y polarización (Occupy, populismos). Se intensifican las fricciones geoeconómicas, y se acentúa la guerra comercial/tecnológica EU–China (desde 2018), tensiones de cadenas y “friend/near-shoring”. Crisis del euro, Brexit; en EU., conflicto político interno más duro.

(6) “Gran desorden” (2022–hoy), siguiendo a Dalio, y se acelera la lógica de bloques: guerra en Ucrania, sanciones y contrasanciones, rearme, crisis energética europea y presión inflacionaria. La “seguridad” se expande a chips, datos, IA, minerales críticos, rutas marítimas y cibersegu ridad; sube el riesgo de escaladas por errores de cálculo. En este contexto colocamos Davos/Múnich 2026 como foros donde se verbaliza el hecho que el orden anterior no “organiza” igual y las reglas compiten con la fuerza/ capacidad (también vale la pena re visar el Global Risk Report 2026).

Tal vez estemos en ésta última etapa caracterizada por reglas débiles, arbitraje internacional impotente, primacía de la fuerza, y choques simultáneos (comercial, tecnológico, geopolítico, financiero; con el militar como umbral). El orden anterior parece desgranado y el nuevo, no parece vaya a cristalizar pronto. En Múnich, los propios operadores y administradores del poder han dicho que el mundo ya no funciona como antes, como se puede ver, entre muchos factores, en la crisis de un sistema de control y regulación global controle o la haga de “policía/juez/sanción” entre los estados.

Davos (WEF) y Múnich (MSC) pueden ser vistos y analizados como “dos teatros del mismo giro”. El primero, tradujo el cambio a lenguaje de riesgo, inversión, cadenas de suministro, energía, IA, aranceles, “friend-shoring/reshoring”: la geopolítica ya no es “contexto”, es variable económica.

En cambio, el segundo lo hace a partir del lenguaje seguridad y orden: defensa, escaladas, umbrales, disuasión, alianzas, y el problema de quién define reglas. Davos muestra el re-pricing del mundo (costos y riesgos); mientras Múnich lo hace de la crisis del árbitro (reglas y legitimidad). Son dos caras del mismo fenómeno: la fragmentación, polarización, control de narrativas, incertidumbre.

Quizá más que un nuevo orden, asistimos lentamente a un multipolarismo más desordenado pero funcional, comparable (con matices) a equilibrios históricos donde había rivalidad sin guerra generalizada, por el momento. Quizá aplique aquello atribuible a Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”, donde ahora nos toca identificar a esos desvíos de la razón, o nuevos engendros del (des)orden mundial.

12 de marzo de 2026

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