Gilberto Solorza
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) al sugerir la posible invocación del artículo 5 para que la Alianza “proteja” la frontera sur estadounidense frente a la migración irregular. El planteamiento fue difundido el 22 de enero a través de su red social Truth Social, poco después de reunirse con Mark Rutte, secretario general del organismo, en el marco del Foro Económico Mundial de Davos 2026.
“Tal vez deberíamos haber puesto a prueba a la OTAN: invocar el Artículo 5 y obligar a la OTAN a venir aquí y proteger nuestra frontera sur de nuevas invasiones de inmigrantes ilegales”, escribió Trump, quien añadió que, de concretarse, “se liberaría un gran número de agentes de la Patrulla Fronteriza para otras tareas”.
El artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte establece que un ataque armado contra uno de los miembros en Europa o América del Norte debe considerarse un ataque contra todos, activando mecanismos de asistencia colectiva que pueden incluir el uso de la fuerza. Su aplicación es excepcional: solo ha sido invocado una vez, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Es necesario recordar que la fuerza militar de la Organización de Naciones Unidas, los llamados ‘Cascos Azules’ que han intervenido en conflictos como Liberia (2003) o Sudán (2005), tampoco operar en cuestiones migratorias.
Aunque la publicación no se tradujo en una acción formal ni en la activación de procedimientos internos, el mensaje fue interpretado como una provocación directa al núcleo del tratado. La propuesta plantea utilizar una cláusula de defensa colectiva para un fenómeno no militar y de carácter interno, lo que implicaría alterar el concepto mismo de “ataque armado”, histórica y exclusivamente reservado a agresiones militares externas.
Trump no es ajeno al carácter disruptivo de este tipo de mensajes. En semanas recientes presionó a Europa mediante amenazas arancelarias y argumentos de seguridad nacional en torno a Groenlandia, lo que provocó un rechazo frontal tanto de la OTAN como del gobierno de Dinamarca, que advirtieron que cualquier uso de la fuerza entre aliados pondría en riesgo la viabilidad misma de la organización.
Si bien posteriormente se dio a conocer la antesala de un acuerdo que puso fin a esa disputa —y que el propio Trump calificó como “fantástico” y “definitivo” sin ofrecer detalles—, el mandatario volvió a sembrar dudas sobre el compromiso real de los aliados. En Davos, afirmó que la OTAN “tiene suerte” de que Estados Unidos haya reforzado su poder militar y sugirió que la reciprocidad dentro de la alianza no está garantizada, una narrativa recurrente en su relación con Europa que refuerza la lectura de su publicación como un gesto de presión política más que como una propuesta viable.
Cabe recordar que el tratado no contempla la migración irregular como una agresión militar y que extender su alcance para fines domésticos desvirtúa su razón de ser, en un momento en que la OTAN busca cohesión frente a amenazas armadas reales.
Hasta el 23 de enero de 2026 no se ha registrado una respuesta oficial de la OTAN como organización, ni de sus Estados miembros, ni del gobierno de México, país que comparte la frontera sur con Estados Unidos. No obstante, el escepticismo es generalizado, al considerar que la propuesta tensiona innecesariamente a la alianza y abre un dilema sobre el uso político de la cláusula de defensa mutua en un contexto en el que la credibilidad del bloque depende de mantener límites claros entre la seguridad militar y los debates internos de sus integrantes.





